
2012 es un año de definiciones. En él se renovarán los poderes en el ámbito Federal y en el Estatal. Elegiremos Presidente de la República, legisladores federales y locales, Gobernador y Presidentes Municipales. El ambiente estará marcado por la contienda electoral. Escucharemos propuestas, asistiremos a debates, y dialogaremos con propios y extraños sobre nuestras preferencias electorales. Al final del camino tendremos que elegir. Elijamos la paz
Les agradezco enormemente que nos hayamos dado cita esta mañana y así ofrecernos la oportunidad de rendir cuentas del trabajo que en Don Bosco realizamos. Cuando nuestro Patronato me propuso que sumado al Informe compartiera una reflexión con ustedes, pensé que ésta podría ser sobre la necesidad de hacer elecciones, las cuales siempre tienen consecuencias. Aun el no elegir, que es una elección en sí misma, tiene su consecuencia.
Elegir la paz puede sonar pretencioso, pues bien sabemos que la paz en sí misma es un camino que en momentos como el actual se nos presenta arduo y fatigoso.
Quiero compartir con ustedes 7 elecciones que nos pueden ubicar en el camino de elegir la paz.
Educar para la ciudadanía.-
Una de los objetivos de esta educación es recuperar la conciencia de que vivimos en una sociedad en la tenemos que interactuar En una sociedad en la que prima el mero individualismo de deseo como telón de fondo, y el bienestar como valor supremo, una asignatura que tenga como objetivo hacer de los niños y los jóvenes ciudadanos autónomos y responsables con la cosa pública, es algo de lo que no podemos prescindir. Diría que esta materia es una necesidad social grave y urgente. Todos deseamos que la familia y la escuela formen ciudadanos libres, conscientes de sus deberes y de sus derechos, verdaderamente críticos y tolerantes.
Esta “politización” de la educación, como algunos estarían pensando, contribuirá a formar ciudadanos críticos del momento histórico que nos toca vivir y nos invita a hacer replanteos éticos y antropológicos. Implica proponer una ética de unos mínimos de justicia, libertad y responsabilidad por debajo de los cuales no es posible una convivencia social pacífica, digna y plenamente humana. Esos mínimos suelen ser, entre otros, valores como la libertad, la igualdad, la solidaridad, el respeto, la tolerancia.
De acuerdo a esto, la vida en convivencia con otros, requiere fuertes sentimientos orientados hacia la justicia en un mundo injusto y hacia la ayuda en un mundo donde muchos viven sin aquello que necesitan.
Se precisa el desarrollo de una ética en donde "el otro", desde su diferencia sea considerado un interlocutor válido. Para ello es necesario que la educación asuma el desafío de formar ciudadanos éticos, capaces de reflexionar sobre sus prácticas morales y que a su vez sea capaz de comprender las del "diferente”. La educación para la ciudadanía ha de incorporar en este momento de nuestro país el componente de la paz. En el reconocimiento del otro, desde su diferencia, y desde su derecho a existir, tenemos un primer paso para esta educación.
Construir nuevas subjetividades, a partir de acciones significativas y simbólicas que detonen procesos de construcción de paz al interior de nuestras escuelas es uno de nuestros mayores desafíos.
Animar proyectos de diálogo.
El año 2012 puede estar marcado por confrontaciones. Los Obispos de México desde el año 2000, y posteriormente en reiteradas ocasiones, la última en su Carta Pastoral sobre la paz, han venido expresando su deseo de animar nuevos procesos de diálogo. A este respecto quisiera compartir la manera como Pablo VI, uno de los papas del Concilio, concebía el diálogo: “esta forma de relación exige por parte del que la entabla un propósito de corrección, de estima, de simpatía y de bondad; excluye la condenación apriorística, la polémica ofensiva y habitual, la vanidad de la conversación inútil. Si es verdad que no trata de obtener inmediatamente la conversión del interlocutor, porque respeta su dignidad y su libertad, busca, sin embargo, su provecho y quisiera disponerlo a una comunión más plena de sentimientos y convicciones.”
Nuestra sociedad tiene necesidad de empeñarse en esta línea. Superar la disposición a la polémica ofensiva y habitual, será algo que tengamos que exigirnos, si nuestra elección es por la paz. El diálogo decía el mismo Papa, va a suponer un estado de ánimo. El llamado es a disponernos para que nuestro ánimo no esté marcado por el catastrofismo, sino por la esperanza; no esté cerrado sobre la mezquindad, que lleva a pensar en el beneficio que se puede obtener del otro, sino también por la solicitud de empeñarnos por el bien del interlocutor.
Finalmente recuerdo las características del diálogo según el mismo Pablo VI: 1) La claridad ante todo: el diálogo supone y exige la inteligibilidad: es un intercambio de pensamiento, es una invitación al ejercicio de las facultades superiores del hombre; bastaría este solo título para clasificarlo entre los mejores fenómenos de la actividad y cultura humana, y … a que se revisen todas las formas de nuestro lenguaje, viendo si es comprensible, si es popular, si es selecto. 2) Otro característica es, además, la afabilidad, la que Cristo nos exhortó a aprender de El mismo: Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón(56); el diálogo no es orgulloso, no es hiriente, no es ofensivo. Su autoridad es intrínseca por la verdad que expone, por la caridad que difunde, por el ejemplo que propone; no es un mandato ni una imposición. Es pacífico, evita los modos violentos, es paciente, es generoso. 3) La confianza, tanto en el valor de la propia palabra como en la disposición para acogerla por parte del interlocutor; promueve la familiaridad y la amistad; entrelaza los espíritus por una mutua adhesión a un Bien, que excluye todo fin egoísta. 4) Finalmente, la prudencia pedagógica, que tiene muy en cuenta las condiciones psicológicas y morales del que oye (57): … si es una persona ruda, si no está preparada, si es desconfiada, hostil; y si se esfuerza por conocer su sensibilidad y por adaptarse razonablemente y modificar las formas de la propia presentación para no serle molesto e incomprensible.
Multiplicar los espacios de diálogo, entre Universidades y al interior de las mismas; entre los grupos intermedios de la sociedad y en cada uno de ellos; entre los adversarios políticos y al interior de sus partidos; al interior de las comunidades y de las escuelas, nos ayudarán a ir recuperando la primacía de la palabra sobre la violencia; la fuerza de la razón sobre la razón de la fuerza. El diálogo se nos presenta en el momento actual de Morelos y de México como una herramienta indispensable para elegir la paz.
3.- Educar para la esperanza
Al siglo XXI le corresponde devolver la esperanza a nuestra sociedad y, de manera particular, a las generaciones jóvenes, de manera que como país, logremos superar las heridas y frustraciones ocasionadas por la violencia.
Algunas de las causas que encontramos en el déficit de esperanza que hoy vive nuestra sociedad son:
- Cierta fatiga y desaliento social producido por el incremento de la pobreza.
• Nuevas formas de pobreza y miseria con multiformes manifestaciones en el plano cultural, material, espiritual, afectivo y cívico.
• Contamos con una sociedad marcada por el individualismo en donde la desconfianza entre nosotros crece y en la que vivimos el riesgo de hacer que pierda importancia el capital social.
En fin vivimos un alejamiento de la cosa pública, que pareciera hacernos ajenos al caminar de los otros
¿Por qué educar en la esperanza? ¿Por qué creo que la educación en la esperanza está estrechamente vinculada con nuestra elección por la paz? Educar para la esperanza en México, es hacer consciente que tenemos pendientes de reconciliación con nuestro pasado, identificando las luces y sombras de nuestra historia, superando cualquier actitud que lleve al maniqueísmo, que en no pocas ocasiones nos ha desgastado en batallas estériles. Tenemos la responsabilidad de entregarles las nuevas generaciones un panorama en donde ellos puedan diseñar sus sueños, con las oportunidades que nos empeñemos en brindarles, donde día con día puedan realizar sus anhelos e ilusiones a favor de ellos mismos, de sus familias y la sociedad en la que viven.
En este sentido, se espera que la solidaridad y el espíritu comunitario aparezcan de nuevo como principios orgánicos vertebradores de la vida de la nación, frente a la exclusión y deterioro de nuestro tejido social. Implicará recursos y energías puestos al servicio de los más desfavorecidos, particularmente los jóvenes, para que tengan trabajo, para que gocen de espacios de esparcimiento, para que continúen sus estudios y gocen de los satisfactores básicos que corresponden a una vida digna. Los jóvenes entre 15 y 29 años de edad son en Morelos cerca de medio millón, en un Estado de 1, 777, 000 habitantes. Es decir representan el 26% de la población total. Hacia ellos han de ir dirigidos nuestros mejores esfuerzos como sociedad, particularmente hacia aquellos con mayores carencias socio-económicas.
Educar para la esperanza es educar para la paz pues nos libera de la frustración del momento presente, al abrirnos a la confianza de que el mañana, cada día, cada año, siempre puede ser mejor. Educar para la esperanza será una de las mejores maneras de quitarle “pueblo” al crimen organizado, que recluta a nuestros jóvenes con el espejismo de un presente mejor, pero que no puede asegurarles razonablemente existir mañana.
Morelos nos pide a todos mucho trabajo; a los dirigentes, a los empresarios, a los padres de familia, a las escuelas. Trabajar para hacer evidente lo que hemos recibido, para hacerlo crecer y proyectarlo hacia el futuro. Nuevo ingenio, nueva imaginación, nuevo ímpetu, que devuelva el entusiasmo y la pasión a la juventud. Si no damos testimonio de esta capacidad de horizonte y de trabajo, en donde las cosas que nos proponemos acontecen, nuestra vida terminará en un rincón de la existencia llorando nuestro fracaso como sociedad, como educadores, como hombres y como mujeres.
4.- Rehabilitar éticamente la política.-
Los Obispos franceses escribieron hace una década un documento sobre la rehabilitación de la política. En él describen situaciones, que salvadas las diferencias de contexto, bien pueden aplicarse a la política en México. El sentido de lo político tiende a debilitarse y a degradarse; veamos algunos síntomas de este mal. Dicen los Obispos:
“La opinión pública tiene la impresión de que los sucesivos gobiernos son impotentes para resolver los grandes problemas actuales y diseñar un porvenir: se multiplican las medidas, las ayudas públicas, pero la desocupación no retrocede y la pobreza se agrava. La criminalidad y la delincuencia se incrementan en… numerosas ciudades. Engendran nuevos temores. Las desigualdades sociales se profundizan en focos territoriales poniendo en peligro los vínculos y la cohesión social.
Además, hombres y mujeres comprometidos con la política se revelan a menudo incapaces de realizar las profundas reformas necesarias, de adelantarse al futuro. Toman decisiones para el corto plazo, demasiado a menudo con una perspectiva electoralista” (Rehabilitar la política, Comisión Social Episcopado Francés, 1999).
Las palabras de los Obispos franceses bien podríamos suscribirlas en nuestro contexto. Y sin embargo como ellos estamos convencidos de que la política es esencial. Una sociedad que la menosprecie se pone en peligro. Hoy resulta urgente rehabilitarla y replantearse en todos los ámbitos (educación, familia, economía, ecología, cultura, justicia, entre otros) una relación activa y cotidiana entre la política y los ciudadanos. (art. Cit. #7).
El 2012 nos ofrece una oportunidad para hacer conciencia de la nobleza del compromiso político. No será el absentismo lo que nos permita darle nuevo cauce a la política en el país. Retomar la primacía de la persona humana; la atención prestada a los más pobres y excluidos; la concepción del poder como servicio; el respeto al adversario y la apertura al universalismo, superando toda discriminación son para nosotros elementos que han de inspirar nuestra acción y nuestro compromiso.
Elegir la democracia es elegir la paz, pues con todos sus límites y los cuestionamientos que este modelo enfrenta, hoy por hoy, es el que más se ajusta a las exigencias humanas. En un sistema democrático las disputas y la diversidad de intereses, se dirimen a través del imperio de la ley. La democracia con su división de poderes, establece pesos y contrapesos para garantizar la estabilidad y abrir caminos para una convivencia armónica.
Sin embargo la democracia no es solo responsabilidad de los políticos, sino también de los ciudadanos. Todos estamos llamados a superar la actitud de consumidores delante de la democracia a través de la exigencia de derechos, para asumir la consciencia de nuestros deberes.
La transición democrática en México sigue su marcha. Es cierto que hoy se ve amenazada por los poderes fácticos, como el de los grandes capitales, la globalización y en el momento presente por el crimen organizado, en sus diversas manifestaciones. Sigue pendiente, en muchos ámbitos de nuestra vida política la superación del corporativismo; el combate a la corrupción y la necesidad de rendir cuentas.
La rehabilitación de la política comienza en la familia. En ella se realizan los primeros aprendizajes para la vida en común, con los valores necesarios para la misma: respeto, tolerancia, diálogo, corresponsabilidad. Este proceso continúa en la escuela en sus distintos niveles, en los que progresivamente se va abriendo al individuo a los valores sociales. Pasa por los grupos intermedios y alcanza a los medios de comunicación. Es tarea de todos formar y formarse para la vida democrática.
Tres desafíos enfrenta la política en el país: a) Subordinar la economía a la política, recordando las exigencias que el bien común plantea y reconociendo que el criterio de organización de la sociedad no puede ser solo el mercado; b) Recuperar la nobleza del compromiso político, mediante una revaloración de la participación ciudadana; c) Hacer de la política el medio que nos lleve a reconocer la dignidad intrínseca de cada ser humano y a trabajar para tutelar y garantizar los derechos que dimanan de su condición.
Alentar el miedo de cara a nuestro futuro nos separa de la elección por la paz. El miedo paraliza; hace perder objetividad ante el presente; dificulta la apertura a los otros y nos aleja de Dios, pues donde hay amor, no hay lugar para el temor.
Concluyo este apartado con las palabras de Pio XI: ¿Acaso en términos de caridad, no es la política el terreno de la mayor caridad?
5. Ir al encuentro de las comunidades más pobres.
Elegir la paz en el 2012 implicará volver la mirada a las comunidades más pobres, sean estas rurales o urbanas. El censo de 2010 nos mostró que casi el 17 % de las personas en el Estado viven en comunidades menores a 5,000 habitantes. Dotarlas de servicios y oportunidades de desarrollo para las familias que en ellas residen es una tarea titánica pero ineludible. Llegar a ellas solo será posible mediante acuerdos entre Gobierno, Empresa Privada y sociedad civil organizada. Cada comunidad podrá de este modo ir encontrando su vocación en el conjunto de la vocación que definamos para el Estado. El desánimo, la pobreza, la migración y el crimen organizado que se asienta en los sectores más vulnerables son los factores a vencer.
Por otro lado urge un plan maestro que incorpore las posibilidades de desarrollo de las colonias más pobres de nuestras ciudades. En Cuernavaca: La Lagunilla, La Barona, La Carolina, La Rubén Jaramillo, La Estación son algunas de aquellas con las que la Ciudad sigue teniendo una deuda. En cada Ciudad del Estado, podemos identificar sin dificultad, las menos favorecidas, las más marginadas. Optar por ellas es optar por la paz. Las palabras del Papa Pablo VI hace mas de 30 años siguen siendo vigentes. El llamado que él hacía para rehacer el tejido social se orientaba a crear centros de interés y de cultura; recuperar lugares de reunión: fomentar encuentros diversos donde el habitante de esta ciudad, escapando del aislamiento de las multitudes pueda crearse nuevamente relaciones fraternales. (populorum Progressio # xx). Educar para la organización, para la pertenencia, para las diversas formas de asociación es uno de los caminos para ello.
Invertir en nuevos desarrollos que contemplen lugares de reunión y de encuentro es una de las prioridades y una política que debe ser impulsada desde el Gobierno, desde la Empresa y la Sociedad, incluidas en ellas las Iglesias. La recuperación de los espacios públicos ha de ir acompañada de otras acciones que rehagan el tejido social. Por otro lado dado que los recursos son escasos, la responsabilidad pública y social nos obliga a ubicar estas acciones en los lugares correctos. Recordar el lamentable caso de Juárez, en donde la mayoría de los sicarios muertos o detenidos, de los jóvenes reclutados por la delincuencia, provienen de las 30 colonias más marginadas de esa ciudad que experimentó hacia los años 80´s un boom económico debe hacernos un llamado de atención que nos permita identificar hacia donde orientamos los escasos recursos.
6. Impulsar políticas y prácticas sociales enfocadas en la equidad de género y los grupos más vulnerables.
La desigualdad de género sigue planteándonos un desafío como sociedad. Ella proviene de construcciones culturales que estamos llamados a superar y que se manifiestan de manera dolorosa en: la violencia que experimentan las mujeres, en el desigual acceso a las oportunidades de trabajo y a la remuneración por el mismo, en el aun limitado espacio para la participación e la política electoral, entre otras. Avanzar hacia la equidad de género significará hacer elección por la paz. Esto demandará del Gobierno atención desde el momento de elaboración de sus presupuestos anuales, con un diagnóstico lo más preciso posible de la condición de las mujeres para ir cerrando las brechas de desigualdad.
Por otro lado no menos importante es la atención a los grupos vulnerables. Para los discapacitados ciudades como Puebla y Guadalajara, tienen proyectos urbanos y de transporte, con semáforos auditivos, señalamientos en las calles escritos en Braille, identificación de rutas en las banquetas y programas de transporte público para nuestros hermanos con capacidades diferentes. Esto las hace ciudades que intentan humanizarse y son expresión aunque sea limitada del deseo de inclusión.
Morelos es una de las entidades con importantes flujos migratorios. Nuestra emigración internacional, particularmente a los EU, en los últimos años era mayor que la media nacional y la inmigración interna, de otras entidades también importante. Quienes migran no siempre lo hacen en las mejores condiciones. Una atención particular a los migrantes derivará de su condición de vulnerabilidad. Una sociedad capaz de acoger y acompañar a los migrantes se fortalece, fortaleciendo a los más débiles.
Los portadores de VIH, así como los enfermos de Sida; las madres solteras, los drogodependientes; los jóvenes de que no estudian ni trabajan, los indígenas, los antiguos internos en nuestras cárceles requieren de todos nosotros una mayor imaginación y generosidad, que les permita sentirse parte de nuestra sociedad. La inclusión social es también elegir la paz.
7. Favorecer la reconciliación social.
Los habitantes de Morelos y México sufren heridas abiertas desde hace años, que se han incrementado con las manifestaciones recientes de la violencia que están demandándonos nuevos procesos de reconciliación social. La atención a las víctimas de la violencia en todas sus formas, no importando el bando al que pertenezcan es una tarea que hemos de abordar. Sin perdón y reconciliación no hay futuro para nuestro querido Estado. Multiplicar las iniciativas que hagan posible el perdón de los agravios recibidos y favorecer el camino de la reconciliación nos permitirá no ser una sociedad enfrentada y dividida, y reconocernos como hermanos. Las familias, las Iglesias, y los grupos organizados de la sociedad estamos llamados a jugar un papel protagónico en la justicia restaurativa, que permite sanar a la víctima y busca recuperar al agresor. Solo así podremos en los años venideros seguir mirándonos a la cara.
Introducir la mediación en los distintos ámbitos donde se hace presente el conflicto, nos ayudará a una resolución pacífica de los mismos, desde la transformación personal y la identificación de las disputas inherentes a la condición humana. Para ello las Instituciones Educativas tenemos en las manos una gran responsabilidad. Formar para la mediación y para una resolución pacífica de los conflictos, será en sí misma una tarea que le aporte a la sociedad, ciudadanos críticos, propositivos, asertivos y constructores de paz. Trabajar por la reconciliación social es elegir la paz.
El desafío de la paz en Morelos y en México es responsabilidad de todos y no solo de los Gobernantes. Volver al espacio público es una necesidad. Fortalecer y renovar permanentemente nuestras Instituciones es un compromiso. Recuperar la armonía, el crecimiento y la estabilidad social, son el anhelo que compartimos.
En 2012 los invito con sencillez y cariño a elegir la paz.
Muchas gracias.
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